Bronquio

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Detrás del alias Bronquio se esconde el jerezano Santiago Gonzalo, joven músico de tradición punk que comenzó su andadura al frente de los inclasificables Gipsy Aliens o de los desaparecidos Yegua, banda maldita de la escena hardcore andaluza donde Santi se encargaba de dar rienda suelta a su rabia post millennial tocando la batería. Su labor como productor terminó empujándole hacia el mundo de los laptops y las tarjetas de sonido, aunque manteniendo siempre una actitud disidente. Activista del ritmo, su última encarnación como Bronquio se antoja en la escena del trap lo que The Prodigy ha sido en el mundo del drum n bass: un giro de 180 grados. La experiencia Bronquio es pura contundencia, una marea de beats y texturas que roza la cultura clubbing adentrándose hasta el lado más oscuro de las pistas de baile. Como Mad Max trapicheando speed por gasolina en la parte trasera de un club nocturno. A solas o con colaboradores, cuando Bronquio enciende su controladora suele aparecer la misma extraña sensación de inseguridad, como un incómodo parásito anidando en la pesadilla viscosa de HR Giger. Imaginen a John Carpenter interpretando terroríficos scores junto a Crystal Castles en mitad de una rave plagada de zombis adictos al spice. Igual, pensando en eso, conseguirán acercarse al peculiar mundo de Bronquio, una subcultura gestada en un canal de Youtube donde el joven productor lleva ya tiempo colgando sus obras en forma de vídeos caseros realizados con un smartphone. Bronquio es el envite punk colándose como una anguila entre los filtros de Instagram Stories, una violenta invitación al baile que se retuerce como un chute de sangre en la cabeza entre chasquidos de trap y drum n bass, flamenco de corralón y fraseos robados al rap literario de Iceberg Slim.  En resumen, un viaje transgénero bajo la óptica del do it yourself. Ya entrado en 2018, Bronquio anunció el lanzamiento inminente de su primer vídeo y single digital Galgo, un latigazo synth-punk donde Santi contó con la colaboración vocal de Pablo Peña (Fiera, Pony Bravo). El resultado es una suerte de terremoto sonoro con el que Bronquio pone el dedo en la llaga de la clase media andaluza más acomodada, soberbia y cargada de tópicos. Sin pelos en la lengua y apretando puños y dientes. A Galgo le seguirán durante los próximos meses y hasta ya entrado el verano una andanada de sucesivos singles digitales que irán completando la particular propuesta de este enfant terrible de la música urbana.

TAGS: Electrónica, rap, trap.

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